jueves, 23 de junio de 2011

Los perroflautas de 1789

Echando la vista atrás a través de la historia, cualquiera puede advertir que las luchas entre sectores diversos de la sociedad siempre estuvieron ahí, presentes o latentes. Llámense luchas de clase, revueltas, o como se prefiera.

Convertido esto en tema de actualidad por motivos de sobra conocidos, se reproduce la misma paradoja como tantas otras veces en la historia. Concretamente, la de los sectores que censuran los movimientos sociales que cuestionan su legitimidad, importando poco que esos sectores que ahora critican nacieran de un proceso similar y se opusieran a una estructura establecida que consideraban debía ser cambiada.

Luchas por el poder, luchas de tronos. En España, en las últimas décadas, esto no es así exactamente. Recordemos como fue el proceso de transición y a sus actores, y podremos ver que las élites no cambiaron en exceso, ni en terreno político ni en terreno económico. Se cambiaron muchas cosas para no cambiar lo esencial. Con lo cual, es mucho más entendible que existan críticas furiosas a quienes manifiestan su hartazgo hacia la clase política española, pero no por ello justificable. Y mucho menos teniendo en cuenta que esta élite, así como el resto de élites de países occidentales, excepto Reino Unido y sus antiguas colonias, le deben casi todas las libertades de las que gozan no sólo a intelectuales ilustrados del XVIII, sino a toda esa masa social que puso el músculo para marcar uno de los hitos más importantes de la historia, de 1789 en adelante. Héroes anónimos a los que se da importancia relativa con demasiada frecuencia.


La gran paradoja se muestra cuando sale a relucir el tema de la legalidad. Sin miles de franceses del tercer estado transgrediendo una legalidad caduca, no se hubiera puesto en marcha la contemporaneidad, fuese en 1789 o más adelante, o incluso en otro país, pero la esencia es la que es. Eso es lo que parecen olvidar hoy quienes lanzan toda su maquinaria contra gente que ha perdido, o se le ha hecho perder toda la esperanza en los cauces legales actuales. Hoy los llaman perroflautas, pero es que en 1789 los llamaban cosas parecidas. 


El rey está desnudo de nuevo, pero como siempre, hay palmeros tratando de vestir sus vergüenzas.

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