Se suele decir que la historia es cíclica, con una pila de argumentos que dan la razón a tal afirmación. No le llevaré hoy la contraria a la misma. Pero me detendré en dos momentos que empiezan a tener evidentes analogías, como son la crisis económica del 29 y posterior depresión y la crisis actual.
Hay una gran diferencia entre ambos momentos, y es que tras 1918 había la necesidad de reconstruir varios países por la Gran Guerra, necesidad que no estaba presente en los 90 ni después. Pero los mecanismos para paliar la crisis de principios de los 90 se ha parecido muy mucho a lo vivido en los Felices 20. En este enlace hay suculenta información: http://www.cotizalia.com/desde-londres/hombre-listo-mundo-20100601.html
En la vida, casualidades, las justas. Sabiendo que desde hace al menos un siglo son pocas manos las que controlan el poder financiero mundial, sería muy ingenuo pensar que se limitan a adaptarse a las coyunturas, sin establecer agendas ni hojas de ruta. Los hechos están sacando de dudas al más pintado. Se repite el patrón de endeudamiento por crédito fácil -> crash financiero -> venta de activos a muy bajo precio. Curiosamente, quienes inician la cadena y quienes la terminan comprando a precio muy apetecible son los mismos. ¿Negocio redondo? Se ve que sí.
En todo el proceso, la enorme transferencia de renta desde las clases bajas a las altas no parece importar en demasía quienes tienen las riendas de la situación, no suelen contar con ello como factor determinante para que se produzcan cambios inesperados, algo que podía tener justificación en el período de entreguerras, pero no hoy con el bagaje que llevamos. En aquel momento la creciente desigualdad social y la falta de confianza en el futuro fueron determinantes para la aparición de totalitarismos populistas ampliamente apoyados por la población, que a la postre condenaron al mundo a otra guerra masiva.
Un ejemplo gráfico de como la desigualdad económica pasa factura política y social. Los enormes picos representan grandes acumulaciones de capital. La conocida época dorada del capitalismo coincidió con una riqueza mejor repartida en Occidente, en el marco de políticas keynesianas que se llevaron a cabo para reconstruir (de nuevo) la economía mundial tras una guerra. ¿La actual desigualdad y políticas desregularizadoras económico-laborales que ahondan en ella propuestas por el FMI desembocarán en más episodios truculentos para la humanidad? Cada vez más gente se lo teme. Unos recursos que menguan a gran velocidad, potencias emergentes como los BRIC desplazando a EEUU y la vieja Europa a cada vez más velocidad, en gran parte también por el crédito y manteniendo unas condiciones de vida no muy altas que permiten un crecimiento enorme. Muchos gallos en un gallinero cada vez más pequeño. El río suena.....
La necesidad de soluciones es evidente. Pero apuesto a que deben ser nuevas, porque ni siquiera el endeudamiento típico del keynesianismo podría parar lo que se nos está viniendo encima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario