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miércoles, 20 de julio de 2011

Justicia y género: delirando una vez más

Ayer se hizo pública una sentencia de divorcio del Tribunal Supremo que obligaba a un hombre a pagar 108000 euros a su ex esposa en concepto de pensión compensatoria por las labores del hogar durante el matrimonio, que duró quince años, teniendo en cuenta que ella ni trabajaba ni trabaja.

Existía una separación de bienes firmada, pero no pareció ser un argumento importante. En Navarra, Aragón y Baleares esa separación de bienes invalida cualquier pensión compensatoria, pero no en Madrid, en donde se ha dado el caso. La Audiencia de Madrid se opuso a esa compensación propuesta por el Juzgado de Móstoles pero el TS la ratificó.

Parece otro palo más a la seguridad jurídica en este país. Se dicta una sentencia por la cual una de las partes ha de compensar económicamente a la otra en base a algo indemostrable, cogiendo como base algo genérico (empleadas del hogar y su remuneración aproximada) y sin tener en cuenta otras consideraciones económicas de la vida marital, como es el hecho de que los ingresos sólo entran en la familia por la parte del marido. ¿Cómo se demuestra que el peso de las labores lo llevaba la ex esposa? Teniendo en cuenta quien trabajaba fuera de casa, parece obvio, pero la justicia no estaba allí para corroborar la versión por mucho que haya quien testifique a su favor. En cualquier caso, el del hogar es un trabajo del que también se beneficia quien lo lleva a cabo.

En fin, en vez de dirigir la conciliación familiar de otra manera, como por ejemplo bonificando la contratación de quien tenga una gran laguna en su vida laboral a causa de trabajar en el hogar, se tira por la "contratación forzosa" si se trata de una mujer. Porque si no trabaja fuera, y luego el matrimonio se disuelve, recibe compensación, que es básicamente como haber tenido un contrato laboral. Así anda el país, entre precarizaciones laborales y dictaduras feministas de lo políticamente correcto y el trinque desvergonzado.

Es clara la necesidad de casi toda la población por trabajar, tanto hombres como mujeres, a diferencia de décadas anteriores en las que con un sueldo se mantenía una familia con hijos. Pero este extremo es ya una vuelta de tuerca irreversible. Socialmente hemos ido hacia atrás, pero mucho.